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PALABRAS

Estoy muy satisfecha con la intención de la Real Academia Galega de revisar el diccionario y eliminar las definiciones peyorativas o claramente ofensivas que contiene con respecto a la homosexualidad; felicito al colectivo gay por un éxito de difícil consecución.

Ahora le toca el turno a otras “Reales Academias” y a todas ellas instaría yo a que trasladasen la misma “delicadeza” en la revisión de los términos  peyorativos, cuando no directamente insultantes, con las mujeres.

Dicen que la “lucha feminista” ha acabado, pero el retroceso en los objetivos hacia la igualdad recibe un importante impulso con el apoyo de algunos “cultos” que se aferran a una gramática trasnochada y a un vocabulario “tradicional”, eufemismo de  machista,  que garantiza la perpetuación de usos lingüísticos lamentables.

D.ª Margarita Salas Falgueras (2003), D.ª Carmen Iglesias (2002), D.ª Ana María Matute (1998), estas son las tres académicas en medio de cuarenta y tres (43)  académic@s de número, en la RAG las cosas no son mejores, de treinta y tres (33) académic@s, sólo cinco (5) son mujeres .

La santa institución de la RAE debe renovar tres de sus sillones, por fallecimiento de tres de sus académicos. Soledad Puertolas, Adela CortinaClara Janés compiten con Joan Marsé, Eduardo Mendoza, Juan Mayorga y José Luis Alonso de Santos por esos sillones, y me atrevo a decir que seguramente serán ellos los que tengan más posibilidades… vamos que  me atrevería a apostar que entre Soledad Puertolas y Clara Janés anda la cosa y los otros dos puestos se los disputarán los hombres.

Con este panorama y la poca influencia de las mujeres en la Academia de la Lengua Española, yo manifiesto mi desesperanza y  siento que mientras, machos como Pérez-Reverte, vivan enrocados en su postura de acoso y derribo contra el feminismo (confundiéndolo con el hembrismo) y disfrazándolo de “sentido común”,  las posiciones inmovilistas con respecto a la lengua y, en especial con respecto al lenguaje discriminatorio,  no serán modificadas y tendremos que seguir tolerando las embestidas de los “maestros”…  y ya lo decía el sabio académico Pérez: “¡Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado!”, porque no dudéis que la imbecilidad es un mal que afecta incluso a gentes de cultura que,  cuando llegan a cierta altura de prestigio, pierden la orientación y tratan de sentar cátedra desde su Olimpo personal, olvidando que, tan arriba, hay cierta carencia de oxígeno…

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