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¡Y UN PEPINO!

Son los pepinos interesantes hortalizas y no solo por su valor nutritivo, sino también por lo que valen.

Me explico: un pepino le sirvió a la censura española para que Clark Gable no le dijera una barbaridad a Escarlata.

Un pepino es una disculpa magnífica para que un país avanzadísimo disculpara su eficiencia en la custodia de la salud alimenticia de sus ciudadan@s.

Un pepino es lo que le importamos a muchos políticos.

Un pepino es lo que nos regalan los mercados como objeto de goze sexual.

Y un pepino es lo que le importa a la ciudadanía alemana que el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, haya destapado la caja de los truenos al declarar en un periódico que Alemania tiene que dejar de echar balones fuera en cuestiones económicas, cuando su deuda es mayor que la española.

Es lo que tienen los pepinos que sirven para un roto y para un descosido; l@s tedesc@s responsabilizaron, en su momento del brote de E-coli de su país, a los productos españoles; veremos si la estratégia le funciona igual en el caso de la economía y l@s vag@s y maleantes  de esos países, que solo sirven para veranear y jubilarse, se llevan de nuevo la culpa de todos los males.

¡Pobres pepinos, cominos, pimientos y bledos varios!

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CONTABILIDADES.

Que un@ pierda cincuenta euros en los bolsillos de los pantalones o los fondos de los bolsos puede ser disculpable e incluso relativamente frecuente; de hecho, cuando aparecen, es motivo de celebración porque que uno disponga de un poco de efectivo sorpresa siempre es alegre.

Pero que eso le pase a un país como Alemania es preocupante, sobre todo porque no son 50 euros y porque nadie se había dado cuenta del extravío de una millonada (sí, que ya sé que la han encontrado pero lo relevante es que antes de encontrarlo hay que perderlo).

Y este es el país que da ejemplo de gestión y contabilidad al resto de Europa

¡San Tío Gilito nos proteja!

…BIEN VALE UNA MISA…¡O NO!

Recién llegada de vacaciones y saturada de ver información en todos los idiomas, menos en español por lo que medio he tenido que adivinar los detalles, sobre las celebraciones de la “caída del muro de Berlín“, voy me entero de que el primer acto es la celebración de una misa en la Iglesia de Gethsemaní, lugar que fue determinante para la victoria de la disidencia en Alemania del Este (según se relata).

Mi pregunta es:  ¿UNA MISA? ¿Pero es que seguimos con lo de siempre?

Las diferencias políticas han levantado muros como el que derribaron aquel de hace 20 años;  la sociedad a uno y otro lado del muro era más uniforme entonces que ahora, la pluralidad racial, ideológica y religiosa de la Europa actual nada tiene que ver con aquella de hace dos décadas… y los dirigentes actuales van y lo olvidan…

¿Una misa?

Diréis que soy una radical, los católicos una “perseguidora de cristianos” y otros estaréis de acuerdo conmigo en que una misa es un acto terriblemente excluyente para iniciar unas celebraciones como estas.

Iglesia de Gethsemaní, Berlín

Me gustaría que las autoridades alemanas hubieran derribado otro muro, el de la hegemonía cristiana sobre el resto de las creencias, sobre todo pensando la cantidad de musulmanes que pueblan su territorio; pero Alemania sigue, como  en una mayoría de los países europeos, creyendo que hace falta bendecir con incienso y sermones cada acto de la vida pública y decide restringir el primer acto de las celebraciones de la caída del muro para los cristianos y excluir a un número considerable de alemanes.

No empiezan bien, y era el momento de que contribuyeran, de paso, a derribar  otros muros y, en especial, el muro físico que se levanta en otro lugar del mundo,  y pusiera voz a la vergüenza que debería provocar al mundo entero. Pero no quieren arriesgarse a que nadie les acuse de ser nazis; los hitlerianos colocaron estrellas amarillas en las solapas de los judíos y los israelíes, se han vengado colocándoles  una esvástica tatuada en la solapa de la dignidad alemana, para que dure hasta el fin de los tiempos.

Demasiadas vergüenzas, demasiados complejos, demasiados convencionalismos… el mundo está lleno de muros  de las lamentaciones invisibles que no resuelven nada y las religiones han sido siempre ladrillos indestructibles de esos muros; por eso no me ha gustado el inicio de las conmemoraciones.

Han desaprovechado una oportunidad única, otro ladrillo en el muro…