Déjame que te cuente, limeña…

RELOXOS

Cacei o tempo con trueles,

as bolboretas esquivas.

Atrapeino en caixas de cristal

e  madeira.

Collín esveltos  alfinetes

e chanteillos

para que non fuxira de min;

E un ninguén

escachou os meus reloxos

para matalo tempo …

CANDO ALGUÉN

CHE ROMPE O CORAZÓN

Cando alguén che rompe o corazón

non quedan anacos pequenos

a vía láctea enchese de  po

e o baleiro fai túnel.

Cando tes túnel de corazón

outros alguén empezan

a estar de paso, sen peaxe,

sen misericordia,

perdendo a esperanza.

Cando tes o mundo de paso

e os ollos secos

pode que alguén volva a vista

e  ollando entón a fractura

quererá volver,

pero é tarde,  porque …

cando alguén che rompe o corazón

non queres que te amen

…  a título póstumo.

MENTIRAS

Prometéronme reinos de princesas poderosas,

e  de amazonas guerreiras conquistadoras ,

Prometéronme que existían castelos infinitos,

de corredores eternos e fiestras pechadas.

Prometéronme terras fantásticas de longos ríos,

De cordilleiras dentadas habitadas por monstros.

Prometéronme meigas, trasgos, meigallos e soños

Prometéronme dragóns furiosos cos que batallar

Para vencer con valentía, espada  e constancia.

Foron tantas verdades cumpridas,

E crin que vencería ao dragón,

Esa era a única mentira

as dragonas son invencibles.

Expedición

(29-03-2002)

No era una casa deshabitada vivían, que yo supiera, un matrimonio con 4 hijas y tres nietos. Las escaleras que daban al fayado eran estrechas y encaladas con un pasamanos de cemento que ofrecía muy pocas garantías de equilibrio.

El fayado era un lugar de vigas de madera y telas de araña que acogía en su vientre desvencijados armarios repletos de ropa antigua y cajas de cartas que enviaban los parientes emigrados en Brasil y Francia, también había una caja de cartón preñada de viejas fotografías, tesoros de incalculable valor cuando uno tiene siete años.

Al abuelo no le gustaba que subieran, por ello las incursiones en tan misterioso lugar se convertían en expediciones africanas de principios del siglo 20. El explorador jefe del grupo era la nieta mayor que evitaba las escobas del rellano convertidas en lianas tenebrosas. Silencios y arañas de tamaños increíbles sobresaltaban cada paso de la conquista.

Durante San Martín los niños fueron enviados a comer fuera y al día siguiente avanzaron de nuevo sigilosos en busca del tesoro de Sierra Madre que habían visto el sábado anterior en “Sesión de Tarde”. Fueron sorprendidos por una sanguinaria tribu:

¡Caníbales! Habían gritado atrayendo la atención del abuelo. Nunca volvieron, la impresión de ver al cerdo colgado en una viga y desangrándose en una palangana de metal los convenció de que debían buscar otros lugares y abandonar definitivamente aquellos territorios peligrosos.

 

CARTA DE AMOR

 

ocurre.bitacoras.com
ocurre.bitacoras.com

 

Querida Elisa:

A veces reclamo a tu memoria mi nombre olvidado; el tono cariñoso de tu voz,  ahora ausente, y la mirada brillante de alegrías compartidas. También guardo en una caja de zapatos desgastada la alianza de oro que ya no usas y las otras cosas de valor que no deseo perder; allí atesoro el honor de haberte besado el primero y la sonrisa tímida prendida en la solapa del traje rosa de encaje que llevabas aquella tarde de paseo primaveral; y ahora, cuando el tiempo nos ha arrollado y todos los días son domingo… e invierno: el rosa pálido ya no es tu color y prefieres esa combinación  sorprendente de extravagancia, bisutería y helada distancia que te ha alejado de mí hasta dejarte colgada en el techo del salón viajando por no sé qué realidades reflejadas en los cristales de la lámpara.

Pero la caja de zapatos se desgasta y deja escapar por su cara de cartón agrietada, herida por el tiempo gélido: hilillos de caricias que yo no puedo sujetar entre mis dedos, vivencias comunes que tu ignoras y paisajes… e itinerarios e hijos y  nietos y besos… tus besos.

¿Para qué construimos esta historia, Elisa? si la pizarra en blanco de tu lengua no me llama y cuando yo tomo papel para decirte que te amo, dibujas una sonrisa en la boca al descubrir esos gusanitos garabateados a bolígrafo que no tienen significado alguno para ti y que, tras plegar el papel que los contiene cuidadosamente, siempre terminas guardándolo en ese rincón misterioso que no recuerdas que existe.

Sé que  migras cada mañana a paraísos desconocidos, donde hay otros nietos, porque siempre has sido una abuela genial, otros hijos que te adoran, seguro. Y nos abandonas al pie de ese sofá desgastado que retiene tu cuerpo y al que te entregas sin resistencia. Antes jugabas a recordar: Ángeles, Alejandro, Andrea, Vicente…nombres encadenados a rostros que se han ido difuminando y ahora… ahora el vacío.

Querida Elisa que me muera con lo puesto: con esos zapatos usados que la vida me ha obligado a llevar, la camisa de los afectos pegada al cuerpo y tu amor escondido en el bolsillo. El alzheimer nos ha escupido en los ojos el aliento de témpano del olvido y te ha arrojado fuera del nido calido de nuestros recuerdos, menos mal que aun queda mi infiel memoria para los dos.

Sí, Elisa, no me mires extrañada; siempre serás mi Elisa,… mi recordada, mi recreada Elisa.

Tuyo siempre en este absurdo tiempo,

Hernando

DOS AZUCARILLOS, POR FAVOR.

No sé yo si debo decírtelo,  pero aquel día de hace diecisiete años tenía los pies helados y el corazón más frío aún, ni el humo del tabaco lograba caldearme los dedos del alma y entonces me invitaste, -cortado,  por favor- ,  y sin darme cuenta me encontré chapoteando con los pies en un café dulcemente oscuro  y cálido. Desde entonces  dejo que se disuelvan mis dedos-azucarillo para que las cosquillitas se transformen en caricias cada día.

No quiero que te lo creas,  porque  estos  años son una miseria temporal de historia vital común; pero son suficientes para que tengamos un álbum lleno de fotos,… lo del capuchino fue una sorpresa; cuando de repente, entorno a mis tobillos sumergidos, apareció este chocolatito cremoso que son los niños,  el tacto se transformó en olfato, y mientras tu café enreda en mis pies, el aroma de nuestros  hijos me ronda la nariz.

Lo bueno de estas ridiculeces es que se te abre el apetito y aun a riesgo de sufrir una crisis diabética  también es cierto que nos podemos reír de lo cursi que me pongo cuando estamos de aniversario… así que mejor lo dejo,  pero recuérdame el año que viene que toca salado e hipertensión.

Imperdibles. (9-03-2002)

 

..

 

Cuando era niña mi madre siempre me decía, dándome un golpecito en la mano: – Se mira con los ojos, niña. -. Era el terror de las tiendas, tenía que deslizar mis dedos sobre las texturas de las cosas, ahora de adulto la que más recuerdo es la de la dulce y crujiente tela del mí vestido de comunión.

Mi marido me gustó por el tacto de su voz en mi oído, acariciando la oreja y adentrándose entre los huesecillos, contándolos como un niño sumando con los dedos.

A mis amigos los elegí ya por su piel tersa, sus ojos suaves o su aroma áspero de tierra seca.

Todo en mi vida ha sido tacto. Me compre el coche de fría pintura metalizada y entre mis manos llevaba el volante de cuero amoroso. Fue mi tragedia, lo acariciaba y lo perdí.

Ahora sufro el síndrome del miembro perdido, aunque debería decir de los miembros perdidos. Cada noche en mi insomnio, paradójicamente, recorro con mis dedos extraviados los imperdibles que sellan el colgajo de las mangas de mi pijama.


SIN CABEZA
(28 de abril de 2009)

Lo mejor sería ir a por el destornillador; parecía no tener arreglo y aun así se acercó a la mesa de mecánico, quirúrgicamente limpia, y palpó los instrumentos hasta encontrarlo.

De repente, sus precisas articulaciones mutaron hasta adaptarse a la herramienta, completar el procedimiento y comprobar si había conexión. Al no obtener respuesta barajó la posibilidad de no poder mecanizarlo.

Abriría de nuevo… tres puertas de titanio, en los temporales y el occipital, eran notoriamente insuficientes; perforaría el frontal, y practicaría un nuevo acceso.

Quizá con suerte el espécimen biológico aguantase la nueva cirugía,… de ello dependía su beca.

ciborg

Vestido de los domingos. (20-04-2001)

Aquel domingo de Ramos estrené un precioso vestido de suave tela blanca con lunares azul turquesa. Tenía una faldita por encima de las rodillas y unas asitas atadas con un lazo sobre los hombros. Me hacía sentir más mayor, más guapa y, sobre todo, más alta; por ello, aguardaba ansiosamente que llegara el domingo y poder girar sobre mis merceditas haciendo volar la falda, como si fuera bailarina de ballet. Lo llevé a misa y de paseo, hasta que, después de San Roque, mi madre decidió que ya podía usarlo a diario.

El primer día de colegio, lo elegí para que mis compañeras me descubrieran; tendría pocas oportunidades, a la semana siguiente se impondría el marino y gris uniforme.

Entré orgullosa y entonces la Madre Portera me gritó: ¡Eh! ¡Niña, ven! Llamaron a mi casa para que me recogieran y me mudasen de ropa, los escotes no eran decentes.

Ellas nunca me conocieron de verdad, no supieron que yo era alta, guapa y mayor.

________________________________

PUZZLE (21-01-2002)

Pieza uno.-

Cada mañana de mis 14 años estudiantiles,lo veía
esperarla  en la acera zapateando para  espantar
el frío y, pocos minutos después, la  tomaba  en
sus brazos para besarla. Eran  el  prototipo  de
pareja Corín Tellado. 

Pieza dos.-

Siempre  deseé  caminar de  aquel modo, abrazados
levemente, y cando llegó, nunca imaginé que otros
ojos  nos podrían observar como yo lo había hecho
años antes; hasta que mi hija nos miró atentamente
y dijo: - Estáis enamorados -. 
Encajada.

Pieza tres.-

Descubrí, un mes de septiembre, que las cosas no
eran  lo que parecían, cuando, haciendo números,
alcancé a  comprender  que  no llegaríamos a fin
de mes.
Colocada.

Pieza cuatro.-

A ella la vi ese mismo día, limpiaba las escaleras
de nuestro portal ; yo hacía años que no esperaba
aquel  autobús ; le dije hola, con  el azoramiento
de  quien  oculta   un  secreto  inconfesable, 
y  adiviné que  ellos probablemente también harían
sus   cuentas   para   acabar   septiembre.
Puesta.

Piezas restantes.-

Como lamento haberla  visto, claro  que  yo  nunca
conocí   sus   pequeñas   miserias   cotidianas,
simplemente   aguardaba    en    la   parada  del
transporte  público. 
Completado.

Devolver a fábrica, la imagen obtenida no se

corresponde con la foto guía.


TABLA DE MULTIPLICAR (1997)

Alejandro se acostaba pronto, porque trabajar en los talleres de Renfe era duro. Alejandro se levantaba temprano porque a las seis de la mañana sonaba la sirena de los talleres llamando al inicio de una jornada más. Pero nunca, fuera invierno o verano, cada noche dejó de sentar a los tres nietecitos, que vivíamos en su casa por culpa de la emigración, al pie de su cama. No nos contaba historias de la guerra civil, ni del hambre que pasó, nos hacía sentar para cantar, del derecho y del revés, la tabla de multiplicar. La del número siete era la más difícil:

 

Abuelo Alejandro
Abuelo Alejandro

 

Alejandro luchó para que supiéramos de números. Dijo que tendríamos que aprender a hacer las cuentas de casa y a resolver complicados cálculos aritméticos. Pero el abuelo nunca descubrió la máquina calculadora que llevábamos escondida en el bolsillo. Tampoco supo que la informática haría maravillas con el tiempo. 

Mientras Alejandro baila en el Centro de la tercera edad, los nietos introducimos los gastos e ingresos en el ordenador, y gracias al programa “Contawin“, hemos llegado a ser unos perfectos analfabetos en matemáticas.

Avergonzado estaría de ver como sumamos para multiplicar o como movemos los dedos para calcular el total de la compra hecha en el súper, porque la calculadora del carrito está averiada.

Diez por diez, cien. Esta sí que es sencilla. La vida que Alejandro llevó, era la tabla del siete. Por lo menos, ahora, ya canta la del diez.

CONEXIÓN

 

Mi madre conservó con cuidado una mantita de color rosa que usó en las cunas de sus cuatro hijos.

Cuando nació mi niña me la llevé a casa para envolverla mientras le daba pecho y después arropó también al niño.

Ahora la guardo en un cajón de la cómoda, de donde la saco, a escondidas, para contarles historias bonitas a mis nietos y bisnietos del porvenir.

____________________________________________________________________________________________________

SUBIR Y BAJAR. (04-02-2002)

Me gustaban de dos en dos. Al principio difícilmente las escalaba de una en una, asida con mis manitas al pasamanos.

Eran tres pisos como el Everest con lugares de acampada donde habíamos fumado nuestros primeros pitillos a escondidas y, en el rellano, perseguíamos los labios resecos por el nerviosismo. Recuerdo un día que la ascensión resultó más complicada, a cuatro patas, descubrí que el alcohol me restaba habilidades.

Los tacones de aguja resonaban a ritmo frenético a las ocho de la mañana, descendiendo peligrosamente hacía la rutina, tratando de escapar de un futuro no prometedor.

Luego escaloné mis visitas y me acerqué, como en un sueño recurrente, al aroma característico de los guisos del primero y el perfume almizclado de la vecina del cuarto; las subí, de nuevo, de dos en dos, con el sofoco de un fumador empedernido y el ansia de recuperar aquellos momentos únicos y opresivos en los que la amenaza del vecino curioso podría haber destapado el secreto, nunca contado, de la mano que recorría el muslo.

Pero llegó el derribo, mi familia se trasladó a una casa con ascensor; la excavadora se llevó por delante aquellos momentos de descansillo y la pintura blanca desconchada donde una vez habíamos dibujado un corazón con iniciales.

Ahora siempre que puedo evito el elevador y las cuento, una a una, golosa tratando de paladear cada escalón, cada fisura del pasamanos, pero no son las mismas, las hay más luminosas y más estrechas, existen pero ya no viven; El tabaco no sabe igual y mis labios no están resecos.

 

Doña Perpetua. (2002)

La escuela de Doña Perpetua era un cuartucho de suelo de madera llena de diminutos agujeritos por donde los niños introducían sus pizarrines para que los picotearan las gallinas que malvivían en el corral del sótano.

Doña Perpetua era una maestra tenebrosa, devota y cruel, dotada de una impresionante voz anciana, cavernosa y ronca, más propia de un ser monstruoso que de una profesora solterona.

Portaba en su mano diestra una regla de madera, mutación genética que alargaba sus dedos y golpeaba los de los niños, mientras rugía vocales.

Aún así, algunos de sus alumnos estudiaron magisterio, incluso Yolanda que desarrolló por entonces una gran memoria auditiva, por lo que no puede borrar de su cabeza el timbre y tono de aquella frase reiterativa de la vieja maestra: – “La o con el palito, aaaaa”.-

VARIACIÓN SOBRE EL MISMO TEXTO (27 de abril de 2009)

Luego se fue corriendo, huyendo de los agujeros del suelo de madera.

Doña Perpetua tenía allí el sótano de las gallinas y la escuela; la voz cavernosa de la devota y solterona maestra lo invadía todo.

-¡Alarga el brazo, niña! – y de su mano mutante emergía una regla de madera que daba golpes de vocales.

Yolanda cerró los ojos, había corrido otra vez, su gran memoria auditiva la impulsa a huir cuando retumba en su cabeza la voz monstruosa de la maestra al pasar por delante de la vieja escuela:

-La o con el palito, a.-

_________________________________________

LAS VENTANAS

Cuando era niña adoraba ver el mar desde el tercer piso de mi edificio a través de una cortina contínua de agua que dibujaba corrientes dulces en el cristal.

Los días de temporal eran especialmente hermosos, creaban mundos acuatáticos de Capitán Nemo y tierras líquidas de seres anfíbios. El universo de algas y caracolas que un día buscó alfonsina se deslizaba en mareas pluviales. Y entonces nos cambiamos de casa, ya solo veía cristales mojados y la hecatombe atlántica se hizo realidad.

Busqué ventanas orientadas al océano pero no me pertenecían, ninguna conseguía generar mis antiguas agallas; pasaba por delante de la Casa de los Güimiles, coronada por un mirador marino en forma de cúpula acristalada… y un día me quedé bajo la lluvia con los ojos anegados y la imaginación ahogada. Renacieron los seres salados, me pasaba las horas lluviosas sentada en la acera de enfrente, de espaldas al mar.

No lo entendieron. Ahora mi ventana tiene barrotes, no sé cuando dejará de llover.

CURA DE HUMILDAD (05-06-2002)

Nunca me creí del todo esa historia de que algún día no podría ayudar a mis hijos. Cuando mi niña cumplió tres años se aficionó a los bichos y tomó por costumbre jugar con caracoles; hacía hileras o familias con ellos, como si fueran esas cartas de bantúes y esquimales.

Accidentalmente, en uno de sus juegos, aplastó la concha de un gordo caracol que recogió sus cuernos y nunca más pudo estirarlos.

 

Ella lo tomó en su mano y tendiéndomelo dijo: – ¡Mami, arréglamelo!.

Desde entonces, nunca he sido la misma, he descubierto la infinidad de cosas que soy incapaz de resolver.

Déjame que te cuente, limeña…

Siempre me ha gustado escribir y como publicar cuesta una pasta pues lo haré aquí, que me sale gratis.

LA FLOR DE LA CANELA

4 Respuestas a “Déjame que te cuente, limeña…

  1. Niña me has dejado muelta, que bonitas historias! ¿Son autobiograficas?
    Un besote!

  2. pues sí, salvo la de Las ventanas

  3. ruthcamino@hotmail.es

    Todo es genial, gracias Andreaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

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