AZAR

Turquía es una recurrencia en mi vida, me atrae como si un fragmento de mi alma atávica enterrara sus raíces por aquellas tierras.

La imagen central de la cabecera de este blog procede del mismo país y el título de “Mil ojos” fructificó en ese árbol de la Capadocia, el mismo Argos Panoptes que se ha quedado medio ciego en seis años y  ha visto como sus ojos se han convertido en retales votivos (está enfocada desde otro ángulo).

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Es tan mágica que siempre me gusta robarle gentes e instantes efímeros.

Cuando la visité en 2007 mi hijo, que entonces tenía nueve años,  ante la presencia de dos niños vendiendo botellas de agua a los turistas, nos dijo:        – Mirad, una tienda triste.- ,  y sí que era triste aquella tienda regida por una pareja de rapaces portando un caldero con hielo y botellines.

lunes, 09 de julio de 2007007, La tienda triste de Estambul11.54.44

Y en esta última visita hubiera deseado no encontrarlos al frente de su negocio de aguadores, porque significaría que estarían estudiado y que su futuro no estaría pegado a la venta de agua y a la afluencia de turistas deshidratados.

¡Pero no! Uno de ellos seguía allí aunque no me pareció el mismo, tanto tiempo a estas edades permite al lagarto hacerse dragón, lo fotografié soñando que no fuera, pero sospechando que podía ser, aunque harto improbable ya que Estambul tiene una población que ronda los quince millones de almas.

Y aquí lo tenéis, por azar o por accidente o, simplemente, porque debíamos vernos dos veces…

La tienda triste, 2013

Ha progresado, es cierto, ya no pasea el cubo y se sienta en esa banquetilla alegre, pero me hubiera gustado verlo con una mochila con sus libros… me gustaría saber que, al hacerse mayor, tendría un trabajo que le gustara y le concediera una vida cómoda… pero las historias felices no tienen cabida  en la vorágine famélica de las calles bizantinas, una ciudad hermosa, cálida y acogedora para el visitante pero hostil, insensible y cruda con sus habitantes.

El azar, que ha hecho que me reencuentre con el pequeño aguador, quizás le ofrezca una oportunidad a él , quizá lo saque de la calle, de permanecer a la intemperie hora tras hora para calmar la sed del turista, quizás el azar…

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