OLIMPIADAS

Samia Yusuf Omar tenía un sueño, corría por un sueño desde Somalia a Pekín.

Pero Samia no tenía constructores de sueños, bastante era que hubiera alguna cosa para la supervivencia.

Corrió con dignidad en Pekín, y llegó última… pero aquello no fue una derrota porque con 17 años nunca se pierde.

Y no perdió las ganas de seguir, de luchar por aquello que hacía con tanta dignidad.

En aquel Pekín olímpico, Samia portó la bandera de Somalia y, ahora, ella es la bandera, la bandera de la desesperación  y la bandera de la realidad.

Las televisiones del mundo entero pusieron sus ojos en Londres, siguieron distraídos el deporte olímpico , mientras el mundo seguía adelante con dificultades.

Samia se ha dejado la vida en una patera, corriendo, huyendo de su país tratando de cazar su sueño en el viejo continente; un viejo que solo mira la costa y divisa en la orilla una derrota, su propia derrota hecha frase: ¡Otra patera!

Ojalá Samia deje de ser bandera de la derrota para ser podio, y el viejo continente se limpie las legañas y deje de conformarse con la muerte y las llegadas fracasadas.

Triste carrera para quien merecía la victoria de un futuro.

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