CASCOTES

La indecendia de algunos políticos llega a grado sumo cuando en una pirueta grotesca tratan de pescar una mayoría, que los electores no le dieron seis meses antes, en un río revuelto.

El caso de Cascos es sangrante en una situación económica como la actual. Que no nos cuenten milongas, en muchas ocasiones los presupuestos de parlamentos varios no fueron aprobados y debieron ser prorrogados los del año anterior; pero esta burda actuación política, que solo trata de sacar partido de unos rivales debilitados por una pugna reciente, no solo es estéticamente horrorosa sino éticamente aborrecible y económicamente costosa.

Los votantes del Sr. Álvarez Cascos deberían plantearse seriamente su apoyo a un señor que se gasta alegremente la pasta de la parroquia, mientras la parroquia se aprieta el cinturón; no me digan porqué pero me recordó al cura italiano que embarcó en el Concordia, supuestamente, para hacer unos ejercicios espirituales.

Unos entienden el turismo como actos de fe y otros la política como  su cortijo  y, en ambos casos lo único que al final queda son los cascotes de la inversión en una elecciones innecesarias y los restos de un barco para desguace.

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