LA NO NOTICIA.

Cuando llegan estas fechas (sí, a finales de noviembre) se empiezan a adornar las calles y los “corazones” según cuentan en las películas americanas. Es tiempo de adviento y de historias conmovedoras: Chencho se pierde en la Plaza Mayor, Clarence encuentra sus alas después de salvar a George Bailey y la Cerillera de Andersen deja su vida tirada en una fría calle, junto a una esquina decorada con elegantes casas.

Son historias de cine y de cuentos tristes, pero nuestras calles asfaltadas, donde ya no hay vendedoras de fósforos, alguna noche se vuelve a empedrar de gélidas losas antiguas y de muerte, mientras otros pasean por sus caldeadas casas en mangas de camisa.

Los portales y los cajeros automáticos se nos llenan de sacos de dormir que esperan  vaciarse para dejar hueco a otro inquilino perdido, son las nuevas esquinas donde se esconde la miseria avergonzada.

Ha sucedido otra vez, sí en 2011, el  portal del número 48 de la calle comercial de San Andrés, en A Coruña; un hombre no muy alto, de pelo negro y de unos sesenta años de edad ha dejado libre el saco de dormir azul que dio mal cobijo a sus huesos, ahora ya congelados.

No sabemos quién era y mañana nadie recordará, excepto los vecinos del inmueble, que se dejó la vida a la puerta de una vivienda con calefacción central.

Y todavía hay quien piensa que debemos renunciar a la protección social.

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