ALIMENTO

Son estos aciagos tiempos los que sacan las caretas a la sociedad y en especial a quienes se les ha encargado la tarea de gestionar la cosa pública; me he enterado hoy que desde el 2009 existe  en Madrid una ordenanza de limpieza que contiene alguna norma absurda que barre la “suciedad” para debajo de las alfombras, obra de la ilustre contadora de cuentos clásicos, Ana Botella.

El “politóloco” Gallardón ha decidido erradicar la hambruna que ensucia el perímetro de los contenedores de basura próximos a los supermercados y ha decidido que esa “gentuza” que rebusca comida en los mismos da muy mala imagen y será mejor multarlos con 750 euros si los pillan arrimados a cualquiera de esta alacenas basureras.

Se ve que el Sr Gallardón y la Señora Botella creen que la gente que visita este supermercado del deshecho son personas avaras que en lugar de gastarse la pasta en alimentarse prefieren rebañar los restos orgánicos en el fondo del contenedor y  exponerse a que le saquen los hígados transformados en euracos para los fondos del concejo.

Esta visión tan miope y particular de la realidad traslada la miseria moral de los dirigentes madrileños al fondo de las cloacas más inmundas. Es indecente, insolidario, y todos los ins que se nos ocurran,  privar del único recurso alimenticio al que pueden acceder  las personas que carecen de lo imprescindible, sino que indica la catadura moral de estos “buenos gobernantes” que presumen de fe y humanidad emanada de la educación cristiana como si esto garantizara algo.

No tengo ya estómago del asco que me ha dado leer semejante disparate, solo espero que  la fortuna, que hoy favorece a este señor y a las personas que sustentan su inhumano gobierno, un día deje de mostrarle una sonrisa y le enseñe los dientes; lamentablemente no lo verán mis ojos pero ya me gustaría que, aunque solo fuera durante una semana, estos ricos indecentes  vivieran muertos de hambre y tuvieran que vagar de contenedor en contenedor escapando del acoso de la policía local.

Definitivamente prefiero morirme al pie de un contenedor con mi dignidad intacta que ser un indigente ético y político como algunos que campan por este país y habitan en los lujosos despachos llenos de alfombras persas debajo de las que tratan de esconder sus miserias.

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