DIEZ AÑOS

Todavía veo caer los cascotes y la excitación de los comentaristas televisivos.

Yo lo viví en un coche, como en la película de Woody Alen (Días de Radio), dudando en creerme esa especie de guerra de los mundos que nos contaban.

Y han pasado 10 años ¿y de que ha servido aquello? los talibanes siguen en lo suyo y los norteamericanos adoptaron su misma rabia para convertirla en billete de ida y vuelta.

Los unos empecinándose en imponer sus ideas en unos territorios donde les temen y mueren porque sí y los otros incapaces de entender que no fue el Islam quien los atacó.

Pero el 11S cometió otro atentado, esa agresión silenciosa que vive en las celdas de la vergüenza del país más democrático del mundo, el más hipócrita el de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”, el que encarceló a inocentes y culpables sin juicios y el que se cree el dios del antiguo testamento para vengarse cruelmente de quien considere, sin explicaciones, sin pruebas, sin nada.

Los fanáticos presumen de heridas pero un país como EEUU no debería empecinarse en sostener un territorio de nadie y cárcel de injusticia en Guantánamo, por higiene y por salud democrática debería ser clausurada y expuesta como cualquier otro campo de concentración fuera de toda normativa internacional.

Es cierto que el odio engendra odio, pero no sabía que el integrismo tenía el mismo efecto.

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