ESPIRITU SOCIALISTA

Hoy se cumplen 132 años de la fundación clandestina en la fonda madrileña de la calle Tetuán, Casa Labra,  del Partido Socialista Obrero. Unos obreros e intelectuales (ambas cosas compatibles a pesar de lo que piensen algunos con titulitis) se reunieron para fundar lo que fue el segundo partido socialista de estas características en el mundo, después del alemán.

Hay ocasiones en las que me siento orgullosa de ser socialista y otras en las que se me cae la cara de vergüenza; en este día me siento especialmente orgullosa por la contribución del PSOE a la evolución de este país. Pero, lamentablemente, hay ocasiones en las que no encuentro la cara, por ejemplo, cuando veo el funcionamiento de algunos que militan conmigo y conozco sus pequeñas miserias humanas, esos que sostienen sin pudor alguno la máxima: “no importa que seamos uno, conque ese uno sea yo”; y sobre todo me avergüenza ver cómo la pátina del “servicio público” se cae y se transforma en el “yo soy”.

Los pequeños caudillos que proliferan en más de una agrupación local deberían revisar el Manifiesto Fundacional de este partido y fijarse, que aunque en el se habla de la burguesía y el proletariado, podemos trasladarlo a la actualidad ya que se ha empezado a dar la paradoja de que, orgánicamente, hay militantes de primera y de segunda, es decir las nuevas clases sociales, y que estos últimos estamos al servicio incontestable del ser supremo que domina el cotarro; porque cuando ostenta el poder le resulta más sencillo conseguir más manos alzadas a su causa, mediante afiliaciones masivas o promesas de prebendas, y más voces berreantes que acallan las discrepancias.

La nueva burguesía se oculta en el aparato del partido y este no hace nada por poner coto a los comportamientos, poco éticos, de algunos reyezuelos que se creen que hay que rendirles pleitesía y que la militancia es su mano de obra barata y muda.

Los partidos políticos con esta estructura de poder semidictatorial, que consiente persecuciones y calumnias a militantes sin tomar medidas y que se regodea en el lodazal del poder personalista, están condenados a extinguirse, porque al igual que en la iglesia un militante que solo va a los oficios (mítines, asambleas y otras hierbas) y suelta la limosna de la cuota que sostiene el templo, del resto, solo les sirven decir amén y esperar un milagro.

Por eso, yo hoy, aunque sé que muchos pensaran que soy una ilusa, tengo la esperanza de que el espíritu socialista renazca, aquel que hacía que dirigentes y militantes fueran iguales, que sus voces tuvieran el mismo valor y las manos de un@s y otr@s sirvieran para pegar carteles… y no para aplaudir, porque el aplauso es adulación en gran medida y eso entre compañer@s no debería existir.

Falta respeto por las bases, unas bases que a medida que avanza el tiempo tienen menos poder y menos consistencia política… si es que en algún momento tuvieron algo de ello.

“Cuidaremos de no daros el gusto de que resolváis por la fuerza, lo que no podéis alcanzar con la razón”. Jaime Vera

Considerando que esta sociedad es injusta, porque divide a sus miembros en dos clases desiguales y antagónicas(…) Considerando que la necesidad, la razón y la justicia, exigen que la desigualdad y el antagonismo entre una y otra clase desaparezcan (…) El Partido Socialista tiene por aspiración: Primero.- La posesión del poder político por la clase trabajadora (…) Es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes (…)” Manifiesto fundacional,  20 de julio de 1879

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