Archivo mensual: abril 2011

¡MAMÁ, QUIERO SER ARTISTA!

Leo pasmada esta mañana que Sir Paco Vázquez clama a los cielos el rechazo de parte del PSOE (no del aparato sino, también, de sus militantes) a que acceda al cargo de Defensor del Pueblo; y digo pasmada, porque tengo un amigo que quería ser cantante, pero el pobre tenía el aparato fonador de un rebaño de burros. Viene a cuento esto, porque  el Sr Vázquez está muy mal acostumbrado a que se le dé, por las buenas, o despellejando públicamente a quien se le oponga, todo lo que pide, al margen de si es la persona adecuada para el puesto.

Y no es que diga yo que no es adecuado para ser Defensor del Pueblo, es que ya lo dice él que no se le apoya por: ” su posición contraria a la ley del aborto y a la ley del matrimonio homosexual“, y eso que no oculta sus otras posturas, legítimas como estás, que bajo el palio de su libertad religiosa quiere imponernos a los demás.

Dicho esto, si tenemos en cuenta que la propia Ley orgánica del  Defensor del Pueblo dice que este cargo tendrá como función velar por  la defensa de los derechos comprendidos en el Título I de la Constitución y que en el artículo 10 de este título se señala que:  “el respeto a la Ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social”, Sir Paco queda excluido, ipso facto, ya que su posición personal, sobre por lo menos dos leyes establecidas en este país, va a interferir claramente en el desarrollo del cargo al que aspira y al que, por supuesto, tiene derecho a optar, … el mismo derecho que tienen los demás a no apoyarlo.

Esta posición de Sir Paco de “yo quiero ser y no me dejan” nos la encontramos en la vida mil veces: actores que quieren un Oscar (y a veces se lo merecen más que otr@s), investigadoras que aspira a un Nobel o yo misma que quisiera vivir doscientos años más, en perfecta forma psíquica y física,  para conseguir viajar al espacio; tod@s nosotr@s estamos en nuestro derecho a aspirar a lo que nos parezca y nuestras limitaciones personales, las circunstancias y, si ustedes quieren, los hados nos impiden en muchas ocasiones conseguirlo.

Llega entonces la frustración y lo más fácil es echarle la culpa a los demás de lo que nuestros méritos o cualificación no pueden darnos.

Lo siento, Sir Paco, pero entenderá que entre una señora del PP  y usted no hay grandes diferencias… salvo quizá en la mantilla española y ya sabe aquello tan español de: “Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar”

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PERROS DE PRESA

Nunca un pacto político ha sido usado como escudo, para silenciar réplicas a su violación, como en el caso del Acuerdo por las libertades y contra el terrorismo, más conocido como pacto antiterrorista.

Pareciera que el PP haya encontrado la manera de pasárselo por el arco del triunfo cada vez que nos acercamos a unas elecciones y que no haya forma de poner coto a tan maña desfachatez.

La estrategia de tener un par de perros de presa que a bocados van trasmitiendo la rabia que les genera la efectividad del Gobierno en materia antiterrorista y la divulgación de sospechas y calumnias babosas plagadas de virus, le están siendo realmente ofensivas, porque cuando alguien les señala la violación del pacto, cuando responden, simplemente sostienen que son “ladridos independientes” y miran para otro lado. Por cierto, que es intolerable que se le exija al gobierno lo que únicamente compete a los Tribunales, está claro cuales son las piernas que interesa morder.

Cuando en la sociedad en la que vivimos uno tiene un perro peligroso con chip, como es el caso de los ladradores con carné de militante destacado del Partido Popular, y este animal se descontrola y ataca a diestro y siniestro, el responsable de los daños es el dueño que no ha sabido o querido custodiar a un animal que supone un elevado riesgo.

Y si uno asume la responsabilidad, ya sea de controlar a un perro peligroso o firmar un pacto antiterrorista que evita que se pueda sacar rédito político de una cosa tan grave, la asume con todas sus consecuencias;  y, en todas partes,  cuando el perro es incontrolable y la rabia intratable no queda otra que pagar el compromiso firmado y sacrificarlo.

Así lo que nos queda a los españoles es aguantar que el PP, además de amparar las actuaciones desbocadas de sus miembros en materia terrorista, amenacen con ponerle un chip al agredido y romper el pacto que nunca han sabido respetar  pero, ¿qué se puede esperar de quien no tiene palabra por mucho que jure?

COSA DE NÚMEROS

Me sorprende  enormemente el desprecio que algun@s polític@s tienen por algun@s de sus administrad@s, presentes o futuros; no entiendo que en un mitin político se minusvalore la acción de los movimientos ciudadanos, que es perfectamente legítima y además rompe la dinámica, tan criticada, de la inactividad de la población.

Creer que dos o tres personas carecen de importancia y no merecen la atención del/a candidat@ porque no comparten su visión sobre un asunto concreto es, además,  una osadía  sobre todo porque el boca a boca funciona muy bien, y lo saben perfectamente los partidos políticos,  que lo que eran dos o tres de repente pueden ser trescientos o tres mil.

La estupidez humana es muy amplia, pero la estupidez política, que no tolera minorías, arrastra a este tipo de semidioses/as al Olimpo de los presuntuos@s;  y puede que un grupo de vecin@s se dejen insultar por un/a candidat@ a la alcaldía, pero el día 22 se pueden ajustar las cuentas y quizá esta suma simplista de los soberbios acabe en una resta que se cuantifique en unas serias dificultades de gobierno que no auguran sus encuestas. Es lo que tienen los números, que hoy eres mayoría y mañana ya veremos.

Puede que algunos seamos ejemplo de estupidez humana, por no saber balar, pero el que lo menciona en un mitin en términos despectivos, primero un imprudente, segundo un déspota y tercero un pobre ser que no tiene control sobre su boca cuando se pega un buen trago de aplausos y adulaciones.

Y es que el insulto, el despotismo y la bravuconería son propias de lo que en Galicia se llama “Milhomes” y está muy bien para los amigotes de la taberna pero no para la política.

“Cuando decimos que es un resultado importante el vivir en democracia, decimos también que es un resultado mínimo, porque a partir de ahí comienza a crecer lo que verdaderamente falta, que es la capacidad de intervención del ciudadano en todas las circunstancias de la vida pública. O sea, hacer de cada ciudadano un político. La libertad de prensa, la libertad de organización política es lo mínimo que podemos tener, porque a partir de ahí comienza la riqueza espiritual y cívica del ciudadano auténtico.” José Saramago. Una mirada triste y lúcida. Algaba Ediciones, Madrid, 2007


PERIODISTOS

Yo no soy periodista porque dicen algunos licenciados en ciencias de la información que yo no tengo carrera académica y que la carrera profesional no sirve. Y la verdad leyendo algunas cosas de periodistas titulados, y profesionalmente bien posicionados, me digo que “afortunadamente” no lo soy.

Cierto es que periodistos no hay muchos; periodistos son aquellos que quisieran tener el poder de un político, pero no la desventaja de que se les ponga en cuestión. Periodisto es el que alaba la discrepancia, mientras cruje a los que discrepan con ellos; periodistos son los navajeros de la palabra, los dictadores de los medios que gracias a su posición profesional usan el medio para sus vendettas personales y las de sus intereses particulares.

Puede que suceda también a nivel nacional, pero los periodistos proliferan en “provincias”, bueno, más que en provincias en “aldeas” con “delegación”, y entonces sus venganzas son dignas de aparecer en alguna obra de Pedro Muñoz Seca, sobre todo porque su afán de protagonismo les hacen exhibir los ripios de sus tripas familiares, las rimas de sus lágrimas de amor, la asincronía de sus odios más intensos, sus filias descarnadas y sus sangrientas fobias escupidas en papel impreso.

Suelen acusar a los demás de ser resentidos, de revanchismo, y de mil comportamientos ignominiosos, sin darse cuenta de que su viga es más grande y pesada y, aún así, no dudan en entrar en las miserias ajenas como caballo desbocado sin percatarse de que lo lamentable no es que un amigo tenga que darte de comer un día, sino que, lo realmente lamentable, es que el amigo, pasados los años, presuma de haberlo hecho para insultarte y que venga un juntaletras a hacer pública la  supuesta miseria.

Y lo que es peor,  de todo esto, es que nadie está libre de necesitar  el plato de comida de un amigo o de un familiar, porque la comida no es prescindible, pero sí que se puede prescindir de las influencias y del poder; y lo que no nos cuentan estos es que, efectivamente, las influencias y el poder son el plato de comida necesario para algunos periodistos y petimetres que aspiran a ser algo en su anodina vida, y que se quedan en simples seres despreciables que no saben lo que es pasar penurias porque mientras no ganaron un sueldo, siempre tuvieron a alguien que les ponía un plato en la mesa.

Claro que hablo de un periodisto en concreto pero no voy a darle el gusto de hacerle publicidad, aunque no me callo porque la cosa no vaya conmigo, quizá, porque mañana pueda ser yo, o cualquiera,  la diana del veneno y, además, no tengo porque callarme porque al contrario del periodisto, que usa su trabajo contra los demás, yo prefiero usar mi bitácora, que es mía, para respaldar a quien (como en este caso) yo considere oportuno. Sé que además este espécimen es tan sumamente ególatra que se dará por aludido en petit comité, aunque no públicamente, y arremeterá con la misma falta de argumentos que le es habitual, permaneciendo agazapado a cierta distancia como la hiena que aguarda a que los leones y los buitres acaben su trabajo.

Si esta es la prensa, ¡que pena de prensa!