OTRO LADRILLO EN EL MURO

Puede ser cierto que el sistema educativo español no esté a la altura de las circunstancias y la formación, no solo académica sino también cívica, del alumnado deja mucho que desear.

Desde que el profesorado dejo de denominarse  “Don o Doña” y se simplificó a “Profe”  han pasado muchas cosas; quizás , la primera de ellas, el tránsito de “Paterfamilias cinturón en mano”,  al colega con el que se  comparte techo, suelta pasta y dice amén a su descendencia.

¿Esto que cuento es real? pues no, en ambos casos hay término medio.

¿Todo el alumnado de los centros gallegos son unos vándalos? ¿Son todos unos incivilizados con ganas de crujir a sus compañer@s y profesor@s? ¿Son la escoria a la que disciplinar? ¿o estos casos son la excepción?

Bien, yo creo que son excepciones que obviamente necesitan una respuesta adecuada, pero ¿es una respuesta adecuada convertir al profesorado en juec@s supremos? pues no me parece adecuado castigar a la mayoría con disciplina extrema porque haya un grupillo de indisciplinados.

El estereotipo de educación británica no es la solución, tampoco lo es esta en la que el profesorado es un cero a la izquierda.

Es cierto que es necesario que se les dé autoridad en el aula, ¿pero hasta el extremo de que lo que diga un/a docente tendrá presunción de veracidad ante cualquier padre, madre o alumn@? Ya estamos creando élites y eso no es buena cosa, entre otras cosas porque conozco casos en los que el profesorado, al que generalmente le sobra corporativismo, se unen en jauría (también se ha visto en casos de padres/madres).

Quizá la mesura sería mejor que sacar los tanques a las aulas y volver a tiempos pasados, en los que se trataba de crear mentes uniformes, con criterios únicos.

Pero la cosa no acaba aquí,  cuando yo era niña (tengo 47años) se me iban los ojos detrás del afortunado alumnado de los colegios públicos, ellas podían ponerse los vaqueros que yo solo podía usar en vacaciones o festivos; una vez que llegaba el buen tiempo, ellas podían ponerse vestidos de falditas por encima de la rodilla y mangas sisas o de asitas y yo tenía que llevar aquella horrible falda gris bien  larga por debajo de las rodillas y la blusita blanca; yo era una niña de mi tiempo, pero a tiempo parcial porque todo aquello que significaba “modernidad” olía a pecado.

El argumento de entonces era que el uniforme evitaba diferencias  “de clase social” y,  la verdad, era que se notaban exactamente igual o incluso más,  porque no me dirán ustedes que no hay diferencia entre un tergal y una lana.

A mí no me agradan los atuendos de much@s jóvenes pero me pregunto que relevancia tienen y además ¿qué tiene que ver el respeto con el modo de vestir?

La uniformidad, la lengua a usar en el aula y otras muchas cosas del mundo educativo, cree el Presidente de la Xunta de Galicia que deben  ser sometidas a consulta, vinculante o no, y que deben de ser las familias quienes pongan límites en el atuendo dentro del centro educativo (pudiendo desatar ramalazos y prejuicios varios).

Nos conducimos por una senda de retroceso al autoritarismo que me agrada poco, sobre todo porque los que proponen estas medidas son los que luego hablan de “prohibido prohibir” mientras se oponen a Educación para la ciudadanía, y hablan de libertades individuales” cuando alguien trata de legislar sobre un hábito nocivo para la salud y para las arcas de la seguridad social.

Son contradicciones que levantan otro ladrillo en el muro de la incongruencia política del PP.

2 Respuestas a “OTRO LADRILLO EN EL MURO

  1. Buenas noches a estas horas, que no es poco. En tu declaracion de intenciones aseguras querer poner tu granito para mejorar el mundo. Loable intención, sin duda, pero creo que eso no se hace barriendo lo granitos que ponen los demás.

    Si el señor presidente, y su conselleiro Vázquez Abad creen que su granito consiste en que los profesores recuperen la autoridad en sus aulas, no seré yo el que los critique hasta que la praxis demuestre que están equivocados.

    Aúnque supongo que tu granito será más grande que el suyo y por eso no les concede el beneficio de la duda…

    En fin, un saludo.

    • Mi granito será de mucho menor tamaño siempre y desde el momento en que jamás tendré autoridad para tomar decisiones como esas.
      La autoridad cuando va aparejada la “presunción de veracidad” puede convertirse en autoritarismo fácilmente, ya que esto es una especie de patente de corso que no creo necesaria y que pone en duda los testimonios de alumn@s y madres/padres. Afortunadamente nuestro país suele crear legislación bastante garantista, no en este caso en el que, no solo la presunción de inocencia quedará en aguas de borrajas, sino incluso la palabra de un no docente.
      La autoridad se gana no se impone.
      Por supuesto que no concedo el beneficio de la duda a una norma de interpretación extrema y siempre favorable a una de las partes.
      Un saludo y gracias por su opinión.
      Xiabre

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