EL TUPIDO VELO

Veo como este país, casi en pleno, se enzarza en una disputa inútil sobre el crucifijo que cuelga del cuello…, perdón, el velo que lleva una chica musulmana (porque al fin velo y crucifijo es lo mismo); pero no he visto más preocupación en esos despotricadores que el obligar a que no lleve hiyab porque:

“si no se adapta a nuestras costumbres que se vuelva a su país” (es española),

“si no queremos crucifijos en los lugares públicos velos tampoco” (creo que ella no es un espacio público),

o  “la islamización avanza a pasos gigantes. Tanta tolerancia no es buena. Integración supone aceptar las normas del país donde vives. Integración tiene que ser obligatoria para los inmigrantes. Y no me malinterpretan, no se trata de limitar la fe de cada uno, ni de obligar a ser católicos. En el estado supuestamente laico no es bienvenida la manifestación religiosa de ningún tipo. Los atributos religiosos tienen que estar de puertas a dentro, igual que juegos sexuales, por ejemplo.” (20 minutos. Rara)

Que sí, que encontraremos  más motivos islamofóbicos, millones, pero entre tanto nadie protesta porque las mujeres de la iglesia católica no tienen los mismos derechos que los hombres… y ya no hablo de las chicas que se ocupan como madrecitas del siglo XVIII de los chicos que se hospedan en centros del OPUS, ya que qué sería de ellos si la casa está revuelta cuando vuelven de trabajar. Cierto que es voluntad de las numerarias auxiliares ocuparse de esas tareas “porque la mujer tiene ese carisma especial del detalle, de la intuición. Hay hombres a los que también se les dan mejor los trabajos de la casa, pero la mayoría de las mujeres pueden hacer ese trabajo quizás con esa mano femenina que deja cada cosa en su sitio, con orden, atención, esmero.” La diferencia entre muchas mujeres musulmanas y las católicas del OPUS es la “voluntad“, pero aún así cuando una mujer musulmana toma la decisión personal de cubrirse la cabeza nos quedamos en la superficie y lo que suceda de puertas a dentro de su casa ya es de “dominio particular” y como no “perturba” nuestras buenas y cristianas costumbres nos importa un comino ¿no?

Dejadme que os diga algo, no me importa nada que una mujer se cubra el pelo con un pañuelo, culturalmente el cabello tiene un fuerte componente sexual en los países musulmanes, lo que me importa es que vaya a la escuela, que reciba una educación adecuada sin que nadie y digo NADIE (ni su familia, ni los padres y madres  de l@s otr@s escolares, que tanto es obligación una cosa como la otra) le indique como vestirse, a qué dios rezar, que partido político votar o como organizar su vida. Me preocupa mucho más si esa chica tendrá libertad para elegir otras cosas más relevantes que un trapo en la cabeza.


Por otra parte, dejémonos ya de clasificar a las personas por su religión o su raza, o por lo que sea, porque lo que conseguimos es establecer prejuicios en compartimentos estancos que nos impedirán equilibrar este barco multicultural en el que España navega hacia el futuro, según mi opinión, para beneficio de todos y según para est@s otr@s para la ruina moral… no hay nada peor que la endogamia y es este caso concreto solo serviría para  “proteger” las costumbres de los visigodos que conquistaron Hispania antes que los musulmanes y, si os digo la verdad, la única diferencia entre unos y otros radicaba en que unos eran unos barbaros semiculturizados y los otros unos semicivilizados con un desarrollo notable de las artes y las ciencias, del que carecía la Hispania Visigoda.

Puesto a escoger antepasados…me quedaría con ambos.  Dejémonos de tonterías y ocupémonos de lo que realmente importa, insisto ¿en qué me molesta que una chica se cubra el cabello? me puede gustar más o menos, del mismo modo que me puede agradar o no un pantalón de pana y más, como en este caso, cuando ella ha tomado una decisión que, por cierto, su padre no comparte.

Debemos rasgar de una vez los velos que ocultan los problemas reales y ahondar en estas cosas, pero  quedarnos en la superficie es discutir una confrontación de imposiciones, la de la fe religiosa o la del entorno escolar porque, por muchas vueltas que queramos darle, ambas son IMPOSICIONES igualmente. Las mujeres estamos condenadas a ser tuteladas y sinceramente ya irrita tanto paternalismo barato.

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