AGOREROS

Siempre me han fascinado los agoreros, esa capacidad innata de sacar lo peor a todas las cosas  debe ser ardua tarea para un optimista; y mira que es difícil ser optimista con cosas como el cambio climático, o incluso a nivel “local” con la situación financiera de la sanidad pública.

Recuerdo, que como fumadora, lo único que pedía era que me hicieran un huequecito en algún lugar para echarme un pitillo y, prudentemente, no fumaba allí donde había un no fumador; y cuando llegó la ley ninguno de nosotros nos morimos, no hubo manifestaciones y yo tuve suerte: dejé de fumar, mejoré mi salud y ahorre pasta (me fumaba dos cajetillas y media al día).

Pero luego llegan los defensores de morirse de un cáncer, matar al  vecino con nuestros humos, o  machacarle la vida a tu familia persiguiendo los culos de las botellas de cerveza por el centro, por poner algún ejemplo; propugnan estas libertades que luego le cuestan pasta al Estado pero mantienen, firmemente, que la marihuana es una droga malísima y ni para calmar el dolor debe permitirse (esto no entra dentro de las libertades personales) , y ahora  empiezan su particular campaña contra la Ley de Economía Sostenible que, por supuesto, algunos arrinconan en la esquina de esa “Ley de la estufa y el ventilador”.

Me ha “encantado” especialmente un columnista del Faro de Vigo que después de haberse quejado de que el gobierno quisiera poner límites al consumo del tabaco, de que se hubiera querido catalogar de bebida alcohólica el vino, considerado hasta ahora ALIMENTO ¡cágate lorito!, demoniza una ley de sentido común, con argumentos simplistas del estilo: en mi negocio tengo la temperatura que quiero (le faltó añadir: yo la pago ), y como son tan “ligeros sus argumentos”, los rebatiré con otros igual de reduccionistas y tendenciosos,  alejándome de los “rollos” estos de la protección del medio ambiente y estas otras  “cosas de rojos” .

Sr Vence, esta mañana he salido a la calle de mi casa que está a 20 grados, porque para eso tengo pantuflas y bata, en el exterior estábamos  a 9 grados pero con el abrigo , mi jersey de lana y una bufandita ligera lo arreglé.

Tenía que hacer unos recados; pero antes pasar por el ayuntamiento donde había una temperatura de 25 grados por lo que sudé la gota gorda, a pesar de haberme desprendido del abrigo, para a la salida volver a abrigarme.

Me dirigí a un comercio de ropa donde las dependientas estaban en manga corta y mi abrigo y jersey eran no solo una inutilidad sino una molestia; no me pude desnudar más que en los vestuarios donde por cierto me congelé y se me quitaron las ganas de probarme ropa.

Para terminar me fui a una cafetería donde no había menos de 30 grados y a punto estuve de pedirme una caipirillla en lugar del café…

El resto es historia, me tiene ahora en el ambulatorio muerta de calor mientras en el exterior el grajo no vuela bajo sino raso y todos los españolitos tendrán que pagar mi tratamiento para el resfriado y mi baja laboral , porque el poco sentido común de la gente hace que, como usted,  es irracional establecer unas normas sobre temperaturas que, de haber existido, me habría evitado este problemilla y lo que es mejor, y menos ligero, habríamos ahorrado combustible y muchaaaaaaaaaaaaaa pasta.

Sr Vence, es posible que la cafetería,  donde usted va, pueda pagarse los 35 grados de calefacción pero ¿puede el mundo pagar su dispendio?

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