CASTIGOS

Eran otros tiempos, y de vez en cuando mi abuela usaba su zapatilla voladora, la más certera arma contra la rebeldía y los caprichos. Mi abuelo nunca me levantó la mano. Y yo confieso que las posaderas de mi hija han recibido más de una palmada cuando los argumentos y los castigos no han servido.

Hoy me río mucho recordando la tremenda puntería de la abuela Andrea y reconociendo que tenía más razón que un santo para calentarme las posaderas, para lo cual  debía alcanzarme antes.

Esto no es disculpa, lo sé, pero se me han venido muchas cosas a la cabeza viendo esta campaña contra el castigo físico. Y más hoy que he venido del hospital de visitar a mi anciano abuelo al que no veía hacía dos años ya.

Hoy vi en sus ojos unas lágrimas que nunca había visto, unas disculpas asomando a sus labios en un “miña filliña” y se me fueron de la cabeza los ajustes de cuentas pendientes  ¡cuántas cosas imperdonables habré hecho yo!

No sé si le quedará mucho tiempo más, 94 años agotan cualquier corazón y yo quiero guardarme de él la tabla de multiplicar cantada y el relato que le dediqué en “Déjame que te cuente, limeña“, además de la mano apretada y las lagrimas que hoy hemos compartido.

Me alegro de haber tenido tiempo… a veces como dice Rosana “hay cartas urgentes que llegan cuando ya no hay nadie”, y yo no quiero correr el riesgo de que me pase algo así y tampoco él se merece eso.

Una respuesta a “CASTIGOS

  1. Cuida o abo mentras che dure. Bicos

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