No hay pitanza más apetecible para los carroñeros que un casicadaver. El olor de la sangre despierta el ansia, el ansia de supervivencia.
En política esto es tan notorio y evidente que me dan arcadas; durante las legislaturas Zapatero muchos socialista se dedicaron a alabarlo ¡el líder supremo!, pareciera que su astrólogo de cabecera hubiera predicho una prometedora y brillante carrera política y los juglares del Reino hubieran extendido sus loas al elegido por todo el orbe; no creáis que las voces ahora críticas, indignadas y lapidarias que se alzan contra el antes líder supremo están libres de responsabilidad, no, no lo creáis, este señor, por ejemplo, era de los que sostenía en mayo del 2010 que Zapatero era el presidente más de izquierdas que había tenido España desde la República, la crítica brillaba entonces por su ausencia.
Estoy casi segura de que si el PSOE tuviera encuestas favorables, ni la mitad de las voces “colocadas” abrirían la boca fuera de los órganos del partido y la mayoría también se callaría dentro. Es lo que tiene estar cómodo, que uno le coge a precio a ciertas cosas y hay que defender el Alcázar, aunque ello suponga el despachar a los compañeros de armas, uno a uno, desde lo alto de las murallas, porque al final no importa que quede uno solo, siempre que ese uno sea el menda.
Estos Compañeros, que han decidió alzar ahora la voz (en su derecho están) , han callado ante tropelías internas (de reducción de los derechos de los militantes por ejemplo) y sostenido posiciones que les beneficiaban solo a ellos , aunque supusieran una vergüenza para sus compañeros sin cargo, militantes de partido, sí esos que en la calle tienen que aguantar las broncas que les deberían caer a estos señores.
Yo sé que Zapatero no lo está haciendo como debiera, que se nos ha hecho un tibio en muchas cosas (con los privilegios del concordato, por ejemplo), que la ha cagado en numerosas ocasiones, pero mientras estaba vivo políticamente había una quietud y una complacencia espeluznantes (sí, la cosa daba mucha grima); pero ahora, cuando los carroñeros huelen el cadáver, aúllan y corren a proteger su porción de comida y lo hacen uniendo sus voces a la jauría popular que lleva dos gobiernos socialistas echándonos el diente y aullando sin afonías.
Ni zapatero era entonces un lider planetario ni ahora es un cadaver político al que devorar ante los ojos del mundo. Y lo peor es que todavía recuerdo el olor a sangre de Touriño en Galicia, me duele el canibalismo político que he tenido la desgracia de presenciar estos últimos tiempos, pero me duele más ver los ojos brillantes de los carroñeros, esos ojos que ya he visto en otros macabros banquetes.
"(...) yo también tengo ruinas meses y años troceados muñones de confianza perdones en añicos piedras en las que a veces me reconozco entonces amo la piel rugosa de mis hermanas ruinas." "Ruinas", Mario Benedetti Inventario Dos (1986-1991)





Una sede del Partido Socialista en París

















