La ciudadanía española confió en que el gobierno elegido defendería sus derechos, sin darse cuenta de que trataban de engañarlos (y lo consiguieron).
Y efectivamente es el Gobierno de los derechos:
La ciudadanía debe andar derecha y hacia la derecha, o ya están los antidisturbios para enderezarlos.
Los trabajadores y trabajadoras deben ponerse derechos, en fila de a uno y delante del látigo de los derechos omnipotentes de los empresarios.
La juventud aprende que aquellas historias que le contábamos, de correr delante de los grises, renacen con el derecho emanado de las urnas.
Y el PP afirma estar en su derecho de retroceder en el tiempo… han encontrado el agujero de gusano… ¡Y no hay dioses a los que encomendarse!





Una sede del Partido Socialista en París

















