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¡TAN CAMPSPANTE!

Dicen que la justicia es ciega, pero más bien creo yo que,  después de la sentencia de Camps y compañía, más bien está sorda como una tapia.

Los han declarado inocentes porque dicen que no se ha probado que hayan recibido regalos, y eso que en las escuchas telefónicas se habla de caviar y otros obsequios con absoluta claridad.

La justicia es ciega, sí, porque no verá las risas que se ha echado esta parroquia a nuestra  costa, de Costa a Camps todo es orégano y vamos perdiendo sentidos a pasos agigantados: no escuchamos las conversaciones, no vemos los bolsos, no tocamos los trajes intangibles pagados por nadie, no paladeamos los 100 gramos de caviar, pero oler, podemos oler todos… y huele a podrido.

PERVERSIDAD

A partir de ahora ya  saben que si ven ustedes a una niña de 13 años desnuda y llorando en una calle pueden cogerla entre varios, meterle un pene en la boca, manosearla y no prestarle ayuda; que si se escapa y los demanda tienen la posibilidad de recurrir la denuncia y unos señores, muy simpáticos, del Tribunal Supremo es posible que le reduzcan la condena, de 12 a 5 años y de 7 a tres, siempre que ustedes  puedan mostrar una personalidad similar a la de este paisano de Pontecesures. Es decir, si la «personalidad del reo no denota una especial perversidad», entonces les da patente de corso para hacer semejantes barbaridades.

Perverso según el diccionario de la RAE, es :
1.  adj. Sumamente malo, que causa daño 
intencionadamente. U. t. c. s.
 2.  adj. Que corrompe las costumbres 
o el orden y estado habitual de las cosas.

Viendo las definiciones, entiendo claramente que los Jueces Juan Saavedra Ruiz, Joaquín Giménez García, José Manuel Maza Martín, Alberto Jorge Barreiro y José Antonio Martín Pallín (como ponente) han aplicado la primera acepción en su sentencia.

Y yo no puedo evitar pensar que los señores magistrados, presuntamente, se ajustan perfectamente a la segunda acepción del término perverso, porque creo que  si el trato que recibió esa niña no era mal intencionado, ni es malo de facto,  las mujeres ya podemos dejar denunciar hechos de estas características porque la culpa es nuestra por “vestirnos o desvestirnos como putas” y somos la Lilit perversa de la Biblia.

Dicen que la justicia es ciega, pero me parece que lo suyo no es  una discapacidad física sino que, en ocasiones, parece más  una minusvalía de sentido común que sirve para tapar sus vergüenzas y no mirar a la cara a sus víctimas.