Acabaré siendo forense a base de leerme las tripas de la política; o si acaso pocera en las cloacas de los partidos supuestamente democráticos.
Porque las tripas políticas últimamente se retuercen preñadas de obscenas heces y ya nadie se escandaliza de que un vómito brabucón y una disentería sin ética cubran las vergüenzas de algunos elementos que, como pitones, nadan en un baño de guano de murciélago.
Estoy enferma, sí, enferma de los nauseabundos olores procedentes de la política española.
Empiezo a tener las tripas sensibles….





Una sede del Partido Socialista en París

















