Siempre me ha sorprendido la capacidad de los irrespetuosos para apelar al “derecho que merecen de los demás”. De hecho, aquellos del “Usted no sabe con quien habla” se han pasado al “mis derechos” porque lo otro sonaba muy carca y no era demócrata… bueno, alguno queda, sin complejos y orgulloso del “UstedNOsabeconQUIENhabla”.
Este apelar a los derechos propios y al respeto se ve mucho en foros varios, donde energúmenos exigen que se les trate con la cortesía que ellos no dan; a mí me gusta pasearme por ellos para ver sus “argumentos”.

Lo más sorprendente ya es cuando directamente uno se inventa derechos y se los atribuye…
Y, es peor, cuando se considera que el que proviene de otro país donde no ha sido capaz de defender sus derechos, en España, no merecen los que les otorga la Constitución; por supuesto cuando ellos viajan a estos países hay que aplicarle la legislación española…

Todo esto viene de ciudadanos comunes que confunden derechos y desconocen, en general, las leyes, aunque ello no les exima de su cumplimiento, pretendiendo:
1.- Que La Constitución es sólo para los españoles.
2.- Que los derechos son privativos y tienen grados.
3.- Que todos tienen que cumplir las leyes …menos nosotros cuando no nos gustan o, supuestamente, atentan contra nuestra libertad.
Pero que esto le pase a un ciudadano de a pie tiene un pase; el problema es cuando un servidor público se pasa por el arco del triunfo las leyes porque “es su derecho”, ytenemos ejemplos varios de eso:
Los farmacéuticos que se oponen a vender anticonceptivos cuando la farmacia es una concesión administrativa y es el único lugar donde poder adquirirlos.
Los médicos de la seguridad social que se oponen a practicar abortos dentro de los parámetros de la legislación (algunos los practican fuera de la sanidad pública luego) por “cuestiones morales”.
Y, por último entre otros muchos ejemplos, los alcaldes que impiden la celebración de bodas homosexuales o las demoran por “cuestiones de tipo personal”.
Arturo Ros Ribes
Esta última situación es la que ha provocado este post, la posición intolerable del alcalde de una localidad valenciana que considera:
Una “falta de respeto” casar a dos homosexuales en su Consistorio.
Que dice respetar la “opción sexual de cada uno pero que me respeten a mí también” y que “Tengo amigos homosexuales que no me han pedido que los case en el Ayuntamiento por respeto”.
Y mantiene que va en contra de sus creencias, aun cuando el no va a casarlos ya que los solicitantes han pedido que los despose Neus Sánchez Expósito, una concejala que no tiene tales tabúes.
Don Arturo Ros Ribes confunde el cargo con la propiedad; el ayuntamiento es de los ciudadanos, no del alcalde o de la corporación municipal; a el sólo le compete aplicar la legislación vigente y, si no aplica esta legislación porque no le gusta, está materialmente incapacitado para ejercer el cargo.
Considero que las convicciones morales que limitan el ejercicio y aplicación de las leyes de este país debería ser motivo de inhabilitación, porque los “derechos mal entendidos” son imposiciones.










Una sede del Partido Socialista en París






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