Hará cien años del nacimiento del poeta.
Cien años en los que los herederos de su ejecutor decidieron que debía ser homenajeado; pero decidieron hacerlo, una vez más, encarcelando su pluma y mancillando su recuerdo.
El ayuntamiento de Orihuela ha decidido recuperar la tradición medieval del juglar de corte, que dedica su “inspiración” a loar las virtudes de sus am@s mal copiando a autores relevantes, y pagar a un pobre abandonado de las Musas y maltratador de la tradición poética de este país, pero Caballero de San Antón por la gracias de … ¿dios?
Miguel Barcala Candel, del que por cierto se puede encontrar hasta el número de su casa en internet ¡pobre imprudente!, es el “autor” de la aberración de la adaptación de los versos del poeta a la verborrea cortesana de loa y sumisión a l@s prebostes del PP.
No diré yo nada de las novelas y demás libros publicados por este señor fruto de su “imaginación”, pero la osadía mostrada por él y la soberbia de quienes se atrevieron a querer verse reflejados en las palabras de Miguel Hernández, me indignan.
Parodiar, que no versionar, ni adaptar, los versos del maestro del 27 solo podrían hacerlo aquellos a los que menciona el himno gallego: “imbéciles e escuros” que jamás entienden de limitaciones o dignidad.
Usar a Miguel Hernández para insultar al rival político causa náuseas, pero la adoración por los líderes y lideresa propi@s es de puro ataque de hiperglucemia.
No reproduciré yo tal elemento orgánico, hecho con palabras, puesto que la Cadena Ser ya se encarga de ello y no merece más publicidad, pero sí diré que a parte de una novelucha (no la he leído, ni pienso, pero le llamo como me sale del estómago) y un libro sobre Torrevieja y Orihuela, además de un par de libros de su disciplina, el juntaletras no dispone de experiencia editorial. De hecho, no me he preocupado de mirar quiénes son sus editor@s, pero podría serlo cualquier administración pública pepera: diputaciones, ayuntamientos y otras que tanto gustan a estos señores para hacerlas más públicas y, de paso, ponerles una esquina púbica.
Ni sentido del humor tienen para estas cosas, me imagino que ellos se habrán reído mucho, pero Miguel se habrá revuelto en el nicho número nueve, sintiéndose una vez más vejado por la burda ignorancia del@ poderos@.
Cuando los polític@s sin escrúpulos juegan a la cultura confunden las letras y acaban haciendo experimentos de dudoso gusto.
No me duele más esta mísera historia que el tener que haber hecho compartir un espacio escrito al poeta con el asesino de sus versos.


















Una sede del Partido Socialista en París






